Don Quijote,
conocido antes como Alonso Quijano, después de saturarse con todo el caudal de
noticias y acontecimientos que los medios televisivos y las redes sociales le habían
brindado en cuanto a toda la problemática mundial; decidió emprender junto a su
bonachón compañero de aventuras Sancho Panza su odisea por el mundo, a fin de luchar contra la
tiranía, la desigualdad y la discriminación social.
En
sus delirantes andanzas en sus viejas y destartaladas motocicletas, llegaron a cierto lugar de la Mancha, donde vieron
a la distancia los inmensos molinos del Parque eólico. Estos les parecieron a
Don Quijote erguidos y desafiantes sobre la plácida y verde pradera. Al creer
ver en ellos a sus gigantes enemigos imaginarios, cuyas grandes aspas le hicieron
pensar que le tomarían y le apretarían hasta morir, se enardeció de tal manera
que infundado de valor se dispuso a arremeter contra los mismos, esto, a pesar
de las advertencias que su amigo Sancho le había hecho al respecto, de que los
tales no eran gigantes, sino solamente unos molinos de viento y sin siquiera
escucharlo, decidió avanzar a todo galope contra ellos sobre su desvencijado caballo
de hierro italiano al cual llamaba Rocinante; para luego bajarse estrepitosamente y desenvainando de su
raída chaqueta de cuero un spray de pintura color negro, escribió brusca y
exaltadamente sobre la gran blanca base del molino, las palabras siguientes:
“Aunque huyas de mí, maligna criatura! yo
solo basto para derrotarte y seguir conquistando al mundo con la espada de mi
pluma aun 400 años después de mi muerte”.
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